«Sola en Bici» un libro de Cristina Spínola

No ha sido la primera en subir a una bicicleta, pero si pero si la primera española en circunvalar el planeta pedaleando en solitario con el propósito de inspirar a los demás y reivindicar el empoderamiento de la mujer. Cristina Espínola una canaria periodista freelance y marketiniana, lleva la aventura en las venas.

El libro de su hazaña, publicado por Ediciones Casiopea bajo el título: «Sola en bici: soñé en grande y toqué el cielo», recoge todo lo vivido por esta viajera canaria.

«Creo que todo lo que hagamos en la vida debe ir acompañado de un propósito por mejorar el mundo. Sea lo que sea. Mi objetivo es el empoderamiento de la mujer», afirma Cristina Spínola que arranca su historia con el ataque sufrido en plena noche en la jungla de Taiping, al norte de Malasia, a manos de unos asaltantes.

«Por primera vez, huelen mi miedo y parece que les gusta. No los miro, me concentro en la oscura carretera y en controlar al máximo el equilibrio. Entonces noto que me agarran del brazo y me empujan hacia la cuneta. Pierdo el equilibrio y vuelo por los aires. Entonces se detienen más adelante y se aproximan caminando, sin prisas, mientras se ríen y me insultan. A tientas, busco el cuchillo de buceo en la funda que tengo atada en la pantorrilla y lo sostengo en mi mano con terror, apuntando a los individuos que se aproximan dando voces en tono jocoso», explica la periodista y émula de Induráin.

Cristina ha logrado cumplir un sueño que se propuso llevar a cabo en 2014: «Doy el primer paso y me lanzo, cojo un avión y me voy a Sudáfrica».

Un libro que trata del empoderamiento de la mujer y de un viaje increíble en bicicleta

Sus pedaladas la han conducido por los más variopintos caminos de: África, India y Nepal, Sudeste Asiático, Nueva Zelanda, Estados Unidos, México, Centroamérica y Sudamérica hasta alcanzar Ushuaia, al sur de Argentina. Donde culminó su aventura: «Me acuerdo de mi vida y de mi soledad durante estos tres años y me siento abstracta. Me bajo de Susan y abrazo una columna, con el nombre de Ushuaia, mientras lloro de rabia y de placer, grito sin fuerzas mientras me oigo lejana, como si no estuviera allí, sabiendo que aunque haya llegado, mi destino ha sido el camino. A partir de ahora, las únicas cadenas que llevaré por la vida serán las de mi bicicleta».

 

Fuente: Todo Literatura

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